Podemos irnos tras la Hiniesta, a ver cómo se sumerge en el ambiente popular de su barrio, entre pedazos de la vieja Sevilla (Iglesia de San Marcos, convento de Santa Isabel y Santa Paula, Pasaje Mallol), o bien marchar hasta la calle Francos, y dejar que por sus estrecheces el sobrecogedor crucificado del Amor nos ponga un nudo en la garganta.
Pasada la medianoche se produce uno de los momentos más emotivos de la Semana Santa: la Amargura llega ante el convento de las Hermanas de la Cruz. Las puertas del convento se abren y las monjas, tan queridas en Sevilla, cantan a su Virgen. La calle es estrecha y la multitud se agolpa, pero el esfuerzo merece la pena.
El Domingo de Ramos acaba en Triana. La Estrella vuelve a su casa y, desde el Puente de Triana a San Jacinto, los trianeros reciben a la primera de sus hermandades con desbordada emoción.
2.- Lunes Santo
Podemos comenzar el Lunes Santo en el exuberante verdor del Parque de María Luisa, que atraviesa poco después del mediodía la Hermandad de Santa Genoveva. Es una zona amplia, sin mucho público por lo temprano de la hora, lo cual nos permite, si lo deseamos, seguir los pasos del Señor Cautivo y la Virgen de la Merced por un bello marco, arbolado y flanqueado de hermosos edificios (La antigua Fábrica de Tabacos, el Palacio de San Telmo, el Hotel Alfonso XIII) hasta la Puerta de Jerez.
Después atravesaremos el río hasta Triana. La cuadrilla de costaleros del paso de misterio de San Gonzalo pasa por ser una de las más hábiles y vistosas de Sevilla, y, ante la capilla de la Estrella, en la calle San Jacinto, hacen alarde de esa forma suya, tan trianera, de llevar los pasos.
Y de Triana al Arenal, en la calle Dos de Mayo podremos ver salir al Cristo de las Aguas y a la Virgen de Guadalupe de su capilla, e internarse por las calles de su barrio.
Al atardecer, la cofradía de las Penas comienza su recorrido por un entorno señorial y elegante: Parroquia de San Vicente, Plaza del Museo, calle Alfonso XII.
Más tarde, ya de noche, la Hermandad del Rocío atraviesa la Plaza de la Alfalfa, en medio de un ambiente multitudinario y popular, y llevada por el buen trabajo de sus costaleros.
En la calle Cuna, podemos encontrarnos con la austeridad sencilla y sobrecogedora de la Cofradía de Santa Marta.
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