6.- Madrugá.
Por historia, por tradición, por la belleza de las imágenes que participan, por la devoción que despiertan, por la mística especial de una noche de vigilia en la calle, la Madrugada es el núcleo central de la Semana Santa.
Es muy difícil destacar algún elemento de la Madrugá, porque todas las Hermandades tienen algo destacable en todos los puntos de sus recorridos.
Podemos empezar la noche en la Puerta Osario, en la salida de la Hermandad de los Gitanos, donde la intensa expresividad de toda una raza se desborda alrededor del Señor de la Salud y la Virgen de las Angustias.
Después iremos tranquilamente hacia la Plaza del Salvador o la Calle Cuna, a sentir el escalofrío viejo de la Hermandad del Silencio. Impresiona la seriedad del cortejo que acompaña a Jesús Nazareno y a la Virgen de la Concepción. Sus nazarenos marchan sin hablar, con la vista al frente, sin volver la cabeza, casi como soldados en un desfile. En ese cortejo hay detalles de gran interés, como la espada que lleva un nazareno, en recuerdo del juramento que en el siglo XVII hizo la Hermandad de defender con su sangre el dogma de la Inmaculada.
Y, de un escalofrío a otro, tras ver el Silencio podemos ir a la Plaza del Museo, a esperar al “Señor de Sevillaâ€, Jesús del Gran Poder. La figura de ese Nazareno de elevada estatura con la Cruz al Hombro, la zancada abierta y la tez oscura transmite una sobrecogedora sensación de fuerza, difícil de definir con palabras.
Después, si nos damos prisa, podemos llegar a tiempo de ver como las primeras luces del amanecer encuentran por la calle Castelar o la Plaza de Molviedro al Cristo del Calvario, austero y sencillo sobre su pasos de caoba y plata.
Ahora tenemos por delante toda la mañana del Viernes Santo para dedicarla a las dos formas que tiene Sevilla de vibrar de emoción incontenible: Triana y la Macarena.
Podemos, por ejemplo, buscar a la Esperanza de Triana atravesando el puente que la lleva de vuelta a su barrio, entre nazarenos vestidos de terciopelo verde, y después dar un largo paseo hasta las calles Relator, Parras o Escoberos, donde encontrarnos con el Señor de la Sentencia, escoltado por una centuria de soldados romanos con relucientes corazas y altos penachos blancos (los populares “armaosâ€) y tras él, el palio barroco y exuberante de la Esperanza Macarena.
7.- Viernes Santo
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