El Viernes Santo es un día de calma y sosiego. En parte porque Sevilla está cansada tras la Madrugada, y en parte por el luto del día, que se pone de manifiesto en las banderas a media asta en los edificios públicos, en las mantillas de las mujeres y en las corbatas negras de los hombres.
Las Hermandades del Viernes Santo son todas centenarias, y a lo largo del tiempo han acumulado detalles de gran interés y belleza.
El Viernes Santo es el día grande de la trianera calle Castilla. Hacen su salida sus dos Cofradías: el Cachorro y la O. El Cachorro es un crucificado representado en el momento justo de expirar, y, según la leyenda, debe su nombre a un gitano moribundo, en cuya agonía se inspiró el escultor Ruiz Gijón para esculpirlo. Una de las imágenes más emotivas y populares de la Semana Santa es la del Cachorro atravesando el puente de Triana.
Tras el Cachorro, la O, que, desde su capilla atraviesa el corazón de Triana camino al centro de Sevilla.
Después de empaparnos de sentir trianero, podemos ir a la Plaza de la Magdalena, a esperar la salida de la Hermandad de Monserrat. Si es posible, conviene que nos situemos cerca para ver Montserrat, ya que, además de sus soberbios pasos, hay otros hermosos detalles en su cortejo, como las dos jóvenes mujeres que van junto a sus nazarenos; una simbolizando a la Fe, con una copa en una mano, una cruz en la otra y los ojos cubiertos por una gasa; y la otra representando a la Verónica, vestida de hebrea y con un sudario con la Cara del Señor en las manos. Ambas mujeres son uno de los últimos restos de los personajes bíblicos y alegóricos que en el pasado formaban parte de las cofradías.
De vuelta a su templo, ya de noche, la Hermandad de la Carretería se interna por las estrechas callejuelas del Arenal: Rodo, Toneleros, Real de la Carretería, que apagan todas las luces. Resulta emocionante el imponente Misterio del Señor de la Salud transitando por los íntimos recovecos de su barrio, alumbrado sólo por la débil luz de los cirios.
Sin alejarnos del Arenal, si nos damos prisa podemos encontrar a la Soledad de San Buenaventura, sobre su paso de madera y plata, por la calle Castelar o la plaza de Molviedro.
Poco después, cerca de la medianoche, en medio de un emotivo silencio, subirán la Cuesta del Rosario el Cristo de las Tres Caídas, y la Virgen de Loreto, los varales de cuyo palio, en vez de ser plateados como habitualmente, son de color dorado.
Ya metidos en la Madrugá, entre los naranjos de la calle Doña María Coronel, avanzará la Cofradía de la Mortaja. Le abrirá paso el Muñidor, un personaje vestido de librea tocando con ritmo cansino y monocorde una ronca campanilla que lleva en la mano. Los muñidores, antiguamente, abrían los cortejos fúnebres, y la Hermandad lo conserva para anunciar el Traslado de Cristo al Sepulcro que representa el Misterio de su paso.
8.- Sábado Santo.
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